sábado, 15 de julio de 2017

Anéctoda de Borges con un autor boliviano





 Jorge Luis Borges cuenta una anécdota muy interesante sobre un libro escrito por el boliviano Marcial Tamayo.

En una entrevista a un medio boliviano, el autor relató: "Quiero contarle que una vez en una librería encontré un libro sobre Borges -le encantaba hablar de sí mismo en tercera persona-. Lo había escrito Marcial Tamayo (boliviano), al que después conocí. Mi memoria asocia Bolivia con Ricardo Jaimes Freyre, el poeta más preciosista del modernismo; y luego tienen a Reynolds, y al mismo Tamayo”.

Fuente : You Tube

Borges y Bolivia, un libro y un poeta perdido



 Martín Zelaya Sánchez

Una noche de jueves, tras largas horas hablando de libros y música junto a una botella de Fernet que se resistía a ceder, mi buen amigo, el poeta tarijeño Marco Montellano, me sorprendió: "¿Sabías que el poeta favorito de Borges era un boliviano?”.

Y me habló entonces de Ramiro Tamayo, "que nada tiene que ver con Franz Tamayo, y que casi nadie conoce, pues ni siquiera aparece en los libros de historia de la literatura”.

Pasaron muchos meses, entre vueltas y olvidos, hasta que terminé por fin de decidirme a rastrear la ligazón -escasa, modesta, pero ligazón al fin- de Jorge Luis Borges con Bolivia.

Dijo el autor de Los conjurados, pocos meses antes de su muerte, el 14 de junio de 1986, a un entrevistador boliviano: "Quiero contarle que una vez en una librería encontré un libro sobre Borges -le encantaba hablar de sí mismo en tercera persona-. Lo había escrito Marcial Tamayo (boliviano), al que después conocí. Mi memoria asocia Bolivia con Ricardo Jaimes Freyre, el poeta más preciosista del modernismo; y luego tienen a Reynolds, y al mismo Tamayo”.

¿Cuál Tamayo?, habrá que preguntarse. ¿Tal vez, por el contexto, esta vez sí Franz? ¿O Marcial?, ¿O su hermano menor, Ramiro, un comunicador, cineasta e intelectual que creció y vivió gran parte de su vida en Buenos Aires, y que escribió el poema que tanto fascinó a Borges?

En 2007 el poeta y crítico Juan Carlos Ramiro Quiroga posteó en su blog el artículo "Borges a calzón quitado”, en el que Albino Gómez cuenta de la relación del mayor escritor argentino de la historia con los Tamayo. Nadie le dio entonces mucha bolilla a ese texto.

Cuenta Gómez: "Ramiro comenzó a destacarse por una tan excelente producción poética que motivó un breve prólogo de Borges a lo que constituyó su primer libro de poemas, donde el escritor se refería a sí mismo como un "poeta crepuscular” -a pesar de que todavía no tenía 50 años- llamando a Ramiro un "poeta del alba”.

Más adelante, Gómez cuenta que Tamayo era tan perfeccionista que retiró y devolvió el libro varias veces de la imprenta y al final nunca salió a la venta. Y comenta: "con sus 18 años, Ramiro Tamayo era para su gusto (de Borges) el mejor poeta de nuestra lengua. Y con esa memoria prodigiosa que siempre lo caracterizó, a pesar de los más de 20 años transcurridos, recordó y recitó uno de los poemas de Ramiro que decía...”. (Ver nota de apoyo).

Dudas

Pero ¿cómo es posible, entonces, que pocos hayan oído hablar de los Tamayo y, sobre todo, que nadie o casi nadie en el país se haya preocupado de un poeta que deslumbró ni más ni menos que al mismísimo Borges?
"Ten cuidado con que sea un poema apócrifo”, me advirtió Luis  Cachín  Antezana, autor del libro Álgebra y fuego: lecturas de Borges. Considerado como uno de los máximos eruditos borgeanos en el país, tras leer el texto de Gómez, Antezana se limitó a comentar:

"No hay mucho que decir al respecto: los Tamayo fueron amigos de Borges, efectivamente. Biográfica y bibliográficamente se sabe que el único libro dedicado a su obra que Borges leyó fue el primero: el que escribieron Adolfo Ruiz Díaz y Marcial Tamayo (Borges. Enigma y clave). Está inclinado a discernir las fuentes clásicas (grecolatinas) en Borges; pero, en el camino, tiene un excelente análisis del cuento La muerte y la brújula”.

Similares dudas tiene Rodolfo Ortiz, director de la revista La Mariposa Mundial: "que yo sepa Borges elogió no sin cierta dosis de ironía el poema Peregrina paloma imaginaria, de Ricardo Jaimes Freyre”.

"Del tal Ramiro Tamayo -comenta- nada encontré en mi gaveta y tengo serias dudas del texto que me mandaste no vaya a ser un apócrifo más sobre el maestro”.

Qué mejor entonces que recurrir a la fuente primaria. "Deseo que quede bien en claro que el poema recitado por Borges pertenecía a Ramiro Tamayo y estaba dedicado a una bella muchacha que cursaba la carrera de abogacía, y fue publicado en la revista de poesía Latitud 34”, sostiene Gómez, escritor y diplomático argentino, amigo de Marcial y Ramiro, y que tuvo la gentileza de contestar un cuestionario, luego de que la magia de Google permitiera ubicarlo. Hasta aquí lo de los Tamayo.

El libro de Dante

Terminé de decidirme a escribir esta nota, decía antes respecto al "caso Tamayo”, pero en realidad una idea primigenia había surgido mucho antes, a fines de los 90, cuando hallé, en un cajón de ofertas de una librería de Sopocachi, un libro en el que Dante Escóbar cuenta cómo Borges le mostró, una tarde de 1985 en su casa de la calle Maipú, un ejemplar de Índice de la poesía boliviana contemporánea, de Juan Quirós.

"Hábil, conociendo todos los obstáculos de la casa, se dirige a una sección de la biblioteca y trae consigo un volumen azul”. "Vea este libro -le dice el escritor a Escóbar, sí, al mismo Dante Escóbar que años después fue juzgado y condenado por un millonario fraude-: me llegó en los últimos meses. Me lo han recomendado y tengo deseos de conocer lo que se ha escrito en Bolivia en los últimos diez años”.

En otro momento de la extensa entrevista -publicada en un extraño libro llamado Las obsesiones de Borges (Distal, 1989)- el autor de El hacedor comenta: "Qué bueno que ustedes los bolivianos se acuerden aún de Ricardo Jaimes Freyre, sus leyes sobre la versificación son una obra maestra”.

Cuando, tras hablar de autores, libros, estilos, mitología, religión, ontología, la charla gira en torno al periodismo y las entrevistas, Borges, franco, admite que "son reprochables” porque el periodista generalmente "asume el predestinado papel de interrogador fiscal”.

No obstante lo arregla pronto y dice: "Pero si me piden un reportaje para un diario del interior o, en su caso, de Bolivia, pienso que puedo ayudarlos y lo hago contento. No sé, me llama la atención su país, donde hay gente que se interesa por lo mío”.

Lo de menos y lo demás

Menciona Ortiz a Jaimes Freyre, que, sin lugar a dudas, es la máxima referencia que Borges tenía sobre Bolivia, pues incluso lo mencionaba como ejemplo y recitaba sus versos en varias conferencias de su vejez.
Además de Jaimes Freyre (ver nota de apoyo), los Tamayo y Dante Escóbar, algunas breves "relaciones” del autor de El Aleph con nuestro país se hallan en el diario de Adolfo Bioy Casares:

Un comentario desfavorable de Borges sobre una conversación que tuvo en 1968 con la esposa del embajador boliviano en Argentina y un proyecto de luna de miel en Bolivia, cuando Borges quiso casarse con María Esther Vásquez.

Por lo demás, en el prólogo a Un bárbaro en Asia, de Henri Michaux, traducido por él mismo, Borges escribe: "Hacia 1935 conocí en Buenos Aires a Henri Michaux (…). Solía asombrarnos con noticias tristísimas de Bolivia, donde había residido un tiempo”.

La última, que solo hay que tomar como rumor, pues no hay fuentes ni rastros. En plena Guerra de las Malvinas, Borges habría declarado que "Argentina e Inglaterra parecen dos pelados peleándose por un peine” y que "las islas habría que regalárselas a Bolivia para que tenga salida al mar”. No consta a nadie, pero quién sabe.

El poema de Ramiro Tamayo

Tú que tienes los ojos como caminos de Dios.

Que los tienes como atardeceres en los ventanales
de mi casa
(ahí, frente a los árboles
que reciben el viento que llega desde el campo).

Tú que tienes los ojos como un Domingo
como uno de esos días esperados desde la infancia.

Que los tienes poblados de sueños
y de cuentos deslumbrantes.

Tú que miras con esa lejanía
con que se miran las cosas supremas.
Tú que tienes esos ojos
dime:

Qué es eso algo triste
que está andando por las calles?
Lo que nos despierta –a veces en
medio del sueño
con grandes lágrimas.
Aquella pesada hoja que cae
y se demora en la frente.

Dime despacio
el nombre del niño de los pómulos violetas
que afronta una mudez aciaga.

Tú que tienes los ojos poblados de cielos
que los tienes repletos de ansiedad.

Repite esas palabras tenaces
-y tan débiles que
llenan las horas sin horas.

Muchacha, repítelas.

Ramiro Tamayo, el "gran poeta” sin libro

Debido a que no pocas veces se atribuyeron al maestro textos y poemas apócrifos, y ante las pocas referencias de Ramiro Tamayo, en Bolivia hay quienes sospechan que quizás el referido poema sea también un apócrifo. ¿Cómo puede Gómez ayudarnos a disipar esta duda? Resumimos, a continuación, la extensa respuesta que nos envió por correo electrónico.

"Ramiro fue un gran poeta y es verdad que su perfeccionismo le impidió editar ese libro (en el que iba a estar el poema que solo la memoria de Borges mantuvo vivo). Yo lo conocí en quinto año del Colegio Nacional, cuando él llegó con su padre, don José Tamayo, su madre, su hermano Marcial, que ya tenía 28 años, y Celicetta, su hermana de 20 años”.

"Fuimos muy amigos durante años. Ingresamos juntos a la Facultad de Derecho que pronto él abandonó porque no le interesaba. Lo malo es que también dejó la poesía y eso fue una gran pérdida. Se dedicó al cine primero y con el entonces periodista e incipiente escritor Tomás Eloy Martínez, luego famoso, hicieron un filme sobre una leyenda norteña que tuvo muchos premios y creo que figura en las buenas enciclopedias del cine”. (…)

"Quien tuvo más continuada relación con Borges fue su hermano Marcial. Porque los Tamayo, a pesar de que al caer Villarroel don José dejó de ser embajador, siguieron viviendo en Buenos Aires”.

"Y don José, ya viudo, llegó o pasó los 90 años y recibió siempre la generosa ayuda de Marcial, que desarrolló una gran carrera y publicó un extraordinario libro dedicado a su padre. El título es Demasiada luz, y lo publicó la editorial Proa, con ilustraciones de la hermana de Borges, Norah”.

"Yo seguí tratando más a Marcial que a Ramiro porque coincidimos en Nueva York y en Washington, donde Marcial estuvo unos diez años como representante del Secretario General de ONU ante la Casa Blanca”.

"Así fue como en 1967 y 68 recibí a Borges en dos oportunidades. En la segunda, cuando se quedó tres días, me dijo que la única persona con la que le interesaba conversar en Washington era con Marcial. Cenaron en mi casa y charlaron hasta casi las tres de la mañana. Borges estaba acompañado por su primera y reciente mujer, de la cual se separó rápidamente”.

"En fin, no quiero tomarle más tiempo, pero puede usted afirmar con total seguridad que el poema recitado por Jorge Luis Borges pertenecía a Ramiro Tamayo. La muchacha a quien fue dedicado, lo merecía”.

Va, entonces (en cuadro adjunto), el poema que Borges le recitó a Gómez en una entrevista citada en el artículo "Borges a calzón quitado”, que se puede hallar velozmente googleando.

Ricardo Jaimes Freyre según Borges

"En el caso especial de Jaimes Freyre -pregunta Dante Escóbar ya avanzada la entrevista, en su libro Las obsesiones de Borges- ¿sentía usted alguna influencia de su poesía?”.

"Quizás -responde el maestro- muchas de mis primeras experiencias poéticas tienen influencia de Jaimes Freyre; era un preciosista. En su poesía, -y no lo digo porque usted sea boliviano-, la página es parte del lenguaje en la comunicación íntima poeta-lector. En Darío también hay una comunicación íntima, como lo hay en otro gran poeta como lo es Verlaine”.

"No me cabe duda de que en mi libro Fervor de Buenos Aires hay versos con notable influencia de Jaimes Freyre y Lugones”.

"Es realmente curioso, ¿no?, que Jaimes Freyre haya sido más honrado, homenajeado aquí, en Argentina, y no en su propio país, con lo que se confirma que el oficio de escritor es extraño: unos reciben muchos elogios y premios, y otros son desestimados o rechazados por cuestiones extraliterarias”.

"… Recuerdo sus famosos versos -dice mucho después, casi al final de la larga charla lograda en cuatro tardes consecutivas- ‘Peregrina paloma imaginaria, que enardece los últimos amores; alma de luz, de música y de flores, peregrina paloma legionaria’”.

Cómo no hallar metáfora en estos versos, y no importa el sentido intelectual de los versos; lo que importa es que nos llegan… son versos preciosos”.

Fuente : Pagina Siete  -  Bolivia

A Luis de Camõens—Jorge Luis Borges





 "El hacedor", poema de Jorge Luis Borges en su propia voz.

Fuente : You Tube

REY ARTURO, el hombre, el mito




 Leyenda artúrica: grito rebelde, poético, del pueblo celta contra el invasor anglosajón.

monje católico galés, Geoffrey de Monmouth, escribió su “Historia de los Reyes de Britania”, genealogía  que dispuso con varios propósitos, entre los cuales se contaba exaltar las hazañas y desventuras de un héroe celta, Arturo. El rey Arturo habría sido quien triunfara en el siglo V (otros dicen que en el VI)    en la guerra que enfrentó a su pueblo  contra los invasores  sajones. Así recuerda Jorge Luis Borges, en una estrofa de su obra poética, este largo enfrentamiento:

“Sus ídolos y ejército el duro
sajón sobre los huertos de Inglaterra
dilató en apretada y torpe guerra.
Y de esas cosas quedó un sueño: Arturo”*

Esta confrontación, obviamente, aconteció  en tierras britanas de las que Gales formaba parte.  La Historia de los Reyes de Britania cimentó el desarrollo de aquello  que en literatura se ha dado en llamar  la “Materia de Bretaña”, o como se conoce popularmente, la Leyenda del rey Arturo. Es a partir de dicha leyenda, formada con la contribución de diversas fuentes que a su turno consideraremos, que comienzan a escribirse, a partir del siglo XIIl, las llamadas novelas de caballería que fueron masivamente consumidas. Tal como sucede en la actualidad con algunos  personajes del cine o la televisión, la gente bautizaba a sus hijos con el nombre de los caballeros que protagonizaban sus libros favoritos, y tanto jóvenes como adultos sellaban pactos constituyendo órdenes como leían   en aquellas páginas.  La materia de Bretaña, además de imponer sus ideales a la sociedad medieval, inauguró el género literario que hoy cuenta con el más amplio mercado: la novela.

Aquellas famosas novelas de caballería hallan su cumbre  a principios del siglo XVII (1605) con la publicación de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” escrita por Don Miguel de Cervantes Saavedra, considerada la mejor novela publicada de todos los tiempos. Joya de la literatura universal que ironiza la popular producción de esas historias cuyos personajes principales eran caballeros montados, llenos a rebosar  de amor y respeto por su rey, su religión y su dama.

Cuánta será la popularidad que esta leyenda aún conserva, que  a principios del siglo XX  Gran Bretaña exhorta a su población a tomar parte en la Primera Guerra Mundial con un afiche en el que se veía a un hombre que, vestido como un guerrero medieval y montando un caballo rampante, clavaba una espada en el pecho de un dragón. Dicha ilustración se encontraba enmarcada por la siguiente frase: BRITAIN NEEDS YOU AT ONCE:  Britania te necesita de inmediato.

Oportunamente se hará un breve análisis de las más destacadas obras que  abrevaron en la “fuente Arturo”, tanto en el arte literario como cinematográfico,  ahora será suficiente con la cita que sigue:

“A los nueve años ocupé un sitial en la cofradía de los caballeros del rey Arturo, con tanto orgullo y dignidad como el que más…”
 John Steinbeck de Monterey, caballero.

Estas son las primeras palabras que encontrará quien se disponga a leer “Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros” novela publicada en 1976 y cuya autoría pertenece al  escritor estadounidense John Steinbeck, quien 14 años antes había sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura. En la introducción, refiriéndose al libro “La muerte del Rey Arturo” de Thomas Malory (siglo XV) que siendo todavía un niño cierta tía le regalara dice: “Era un ejemplar ilustrado de la Morte dArthur de Thomas Malory según la edición de Caxton. Adoré la anticuada ortografía de las palabras, y también las palabras en desuso. Es posible que haya sido este libro el que inspiró mi fervoroso amor por la lengua inglesa.” 

Intelectuales contemporáneos al auge de las novelas de caballería, como Alfonso X (1252 – 1284)  en España, denominado “El Sabio “ o Dante Alighieri (1265 – 1321) en Italia, no dudaron de la existencia del rey, sin embargo la ciencia aún no está en condiciones de aseverarlo. Historiadores y arqueólogos buscan el dato fehaciente, aquellas piedras, aquel signo, que no deje lugar a dudas. Ni unos ni otros han sido capaces de hallar, hasta ahora, la referencia incontrastable. Arturo, el hombre, si existió, se oculta tras el velo que la ficción construyó para él. Tal vez sea en la trama de ese velo donde esté escrita la respuesta, por qué Arturo fue y es, en la imaginación popular, un rey que supo reinar mejor que Carlomagno, un líder cuya capacidad de mando superó a la de Julio César.

Arturo, el héroe que a juzgar por la gran cantidad de obras artísticas que continúan recreándolo, aún necesitamos.

*Jorge Luis Borges, Ariosto y los Árabes, Antología Personal, Ed. Sol 90, 2001, pg 84

Fuente : Arturo el hombre el mito el rey

viernes, 7 de julio de 2017

Facundo Cabral y Jorge Luis Borges



El mundo en un libro Con un relato fantástico, el cantor cuenta cómo logró publicar, hace 25 años, “Paraíso a la deriva”.

Eduardo Slusarczuk

A mí la vida me dio más de lo que yo podía recibir. Si me pongo a pensar, mi sueño era llegar a Buenos Aires. Tomar un café en La Biela”, advierte de movida Facundo Cabral. “Pero cuando me dijeron que eligiera una foto para ilustrar uno de mis sueños, pensé que debería ser esta”, sigue, mientras levanta de su escritorio un ejemplar de su primer libro, Paraíso a la deriva. “Y no es un anuncio comercial, porque el libro fue editado hace 25 años”.
¿Cantante? ¿Poeta? ¿Filósofo popular?

Yo soy un viajero. Como cosa secundaria, canto y escribo, pero mi oficio es caminar. En eso soy un profesional. Lo hago desde siempre. Desde que arranqué, recorrí 165 países. Nunca paré. Nunca viví en una casa. Siempre estuve de paso. Nada para cuidar, para ser libre y seguir caminando. Yo siento que lo único que hice fue subir a un tren en Tandil, a la buena de Dios, en el año ’46. Y un día me bajé en Beijing. Y no me preguntes qué pasó, porque no sé que pasó. Fui de fiesta en fiesta. Vino todo lo que hubo en el medio. Desde dictaduras al hambre. De todo. Y todo lo vi siempre como una gran obra. La vida como una gran obra.”


Entre las anécdotas, historias, reflexiones y nombres que los desbordan, Cabral retoma el tema. “Me quedé pensando en por qué elegí esa foto. Y es porque yo me enamoré del mundo por los libros. Primero por las historietas, después los libros. Yo al mundo lo sentí desde siempre por las historietas. Yo soy hijo de una historieta de Hugo Pratt. Yo quería ser el Corto Maltés”, explica.


Los libros llegaron después a la vida del caminante, que resalta que creció analfabeto hasta los 14. Recién entonces, recuerda, un jesuita le enseñó a leer. Enumera: “Melville, Conrad, La divina comedia, Las mil y una noches, las parábolas, Flaubert, Balzac, Baudelaire, Rimbaud, Apollinaire, Quevedo, Góngora.” Y evalúa a la distancia: “Fue una experiencia muy rica, muy sofisticada. Me enamoré de los libros, y ellos me enamoraron del mundo.”
Entonces, recuerda que un día el jesuita le dijo una frase del poeta Mallarmé. “El único sentido que tiene el mundo para el hombre es que pueda ser convertido en un libro”, dice que le dijo, y se apropia de la idea: “Para nosotros, el sentido del mundo es convertirlo en un libro.”


Antes de llegar a Beijing, aquel tren que había partido del sur bonaerense hizo escala en Dolores, Ayacucho, Mar de Ajó, Buenos Aires, Cuzco, la Isla de Pascua, México, Europa, Oriente Medio, la India y una interminable lista de lugares, testigos de los encuentros que cuenta que tuvo con Krishnamurti, la Madre Teresa, Ray Bradbury y Arthur Rubinstein, entre otros personajes tan ilustres como ilustrados. Hasta que un día volvió. “Un día el editor Carlos Frías me preguntó si yo había grabado un disco que se llamaba Jorge Luis Borges, y me dijo que al maestro le había gustado. Si yo hubiera sabido que lo iba a escuchar, nunca lo habría grabado.”


Cuenta Cabral que el escritor lo llamó, y que conversaron. Una, dos. Varias veces. “Un día, en el ‘84, un poco antes de su muerte, me dice: ‘Sospecho que usted, además de canciones, debe escribir libros.’ –No, maestro. Escribo, pero no soy un escritor. ‘Por favor, alcánceme algo para que lea’, insistió. Y yo: ‘No, maestro, de ninguna manera. A ver, si el Dante le hubiera dicho: Che, pibe, traéme algo. ¿Se lo hubiera llevado?’ ‘No, por supuesto que no.’ -Bueno. La diferencia entre Homero y usted es infinitamente menor que la que hay entre usted y yo. ‘Tráigame algo, Cabral’, repitió. Y yo me empecé a emocionar”, revela.


Y Cabral se trazó una estrategia. “Pensaba correr hasta la casa, una vez que saliera a dar su paseo diario, y le dejaría el sobre. Y qué lástima que se acabó la amistad con el maestro. Porque no iba a tener cara de enfrentarlo. ‘Perdone, ¿esta basura me trajo? Esta es una irrespetuosidad. Esto merece el fuego sin ningún honor’, pensaba que me iba a decir.”


Al segundo día, cuenta que Borges lo llamó: “‘Estuve leyendo sus papeles. Por favor, eso de maestro... Ahora, qué bueno que se confirma que somos colegas. Esto que me mandó se tiene que publicar ya mismo. Perdone, pero me tomé el atrevimiento y hablé con el señor Infante, el director de la editorial Planeta, y quiere verlo mañana mismo. Anote la dirección’. Yo no lo podía creer”.


Paraíso a la deriva se publicó en 1985. Cuando lo presentó, en San Telmo, anduvieron por ahí Egle Martin, Carlos Carella, algunos murgueros del barrio y una parva de amigos. “Ese fue el gran día de mi vida. Porque sentí que terminaba la primera vuelta real al mundo. Al físico y al metafísico. Al de la imaginación y al de la realidad.” Mundos que, en Cabral, son uno solo. “Dos meses antes de morir, mi madre me dijo: ‘Me voy a morir feliz, porque cada vez te parecés más a lo que cantás.’ ‘Carajo’, pensé. ‘Me estoy convirtiendo en el sueño’.”

Fuente : Clarin - 23/01/2011