lunes, 24 de julio de 2017

La ASALE publica la edición conmemorativa de «Borges esencial»

    

         La Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) y la Real Academia Española (RAE) presentaron el 1 de junio en Madrid una nueva edición conmemorativa: Borges esencial, con motivo de haberse cumplido en 2016 los 30 años del fallecimiento del escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986). La antología de textos fundamentales del autor universalmente admirado y reconocido como uno de los más destacados de la literatura del siglo XX, y quien fuera miembro de la Academia Argentina de Letras (AAL), fue preparada y coordinada por José Luis Moure, presidente de nuestra institución, y contiene un estudio de su autoría y otro del académico Santiago Sylvester.

      Se trata de un nuevo volumen de la colección académica de “Ediciones conmemorativas” de los grandes clásicos hispánicos publicada por la ASALE, que reúne a todas las academias de la lengua española, incluida nuestra Academia Argentina de Letras y la RAE. El libro Borges esencial, publicado por la editorial Alfaguara, es el primero de esta colección que homenajea la obra literaria de un escritor argentino. En agosto llegará a las librerías argentinas y estará a la venta en la sede de la AAL.

      La obra incluye el texto integral de Ficciones y El Aleph y una selección de ensayos y poesías. El volumen cuenta con estudios introductorios y posfacios de Nora Catelli (Universidad de Barcelona), Juan Pablo Canala (UBA / Biblioteca Nacional Mariano Moreno), Teodosio Fernández (Universidad Autónoma de Madrid), Alberto Giordano (Universidad Nacional de Rosario), Darío David González (Universidad de Copenhague), Noé Jitrik (Universidad de Buenos Aires), José Luis Moure (Universidad de Buenos Aires / AAL), Jorge Panesi (Universidad de Buenos Aires), Santiago Sylvester (académico de número de la Academia Argentina de Letras) y Graciela Tomassini (Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Rosario). La edición se completa con una bibliografía básica preparada por José Luis Moure y un glosario.

      La antología se adentra en la obra de Borges y aborda esos “temas habituales [como] la perplejidad metafísica, los muertos que perduran en mí, la germanística, el lenguaje, la patria, la paradójica suerte de los poetas” (Borges, Nueva antología personal, 1967).

      “A la obra de Borges se le puede aplicar perfectamente la definición de poesía dada por Antonio Machado: «palabra esencial en el tiempo». Es una figura incomparable, una isla en el mar de la excelencia literaria en español”, manifestó el 1 de junio el director de la RAE, Darío Villanueva, durante la presentación en la sede de la institución española. El también presidente de la ASALE indicó que el título del libro puede ser quizá una redundancia, “porque Borges en sí mismo es esencia”.

      En el acto participaron, además, el académico de la RAE José María Merino; la directora editorial de Alfaguara, Pilar Reyes; el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), y autor de uno de los estudios de esta edición, Teodosio Fernández, y el secretario general de la ASALE, Francisco Javier Pérez. En todas las intervenciones se ha subrayado la importancia de la poesía en la obra de Jorge Luis Borges. “La obra poética de Borges es fundamental”, señaló Teodosio Fernández. A juicio de este catedrático de la UAM, “Borges es a veces un escritor más citado que leído. […] Por eso me parece muy recomendable esta antología para iniciarse en la lectura del gran autor argentino, uno de los grandes patriarcas de la literatura en español”.

      Borges está considerado como “el gran autor clásico contemporáneo” y en su ingente obra abolió todos los géneros literarios, recordó Pilar Reyes, que ha considerado que la selección realizada en el libro es “poderosa”. “Quien la lea se hará una idea bastante precisa de este prodigio de escritor que se inscribió en la tradición universal”, recalcó Reyes, que ha cifrado en 35.000 la primera tirada de ejemplares de esta obra.

      Al igual que el director de la RAE, el académico José María Merino estimó que “lo esencial de Borges está representado en toda su obra”. Merino elogió “el buen criterio seleccionador del antólogo de este libro, José Luis Moure. Aquí están todas las obsesiones narrativas y filosóficas de Borges: la difusa frontera entre la realidad y la ficción, el asunto del doble, el mundo onírico, la idea del universo como creación mental, el concepto del tiempo en todas sus perspectivas, el gusto por lo enigmático y lo laberíntico”.

      Por su parte, el secretario general de la ASALE, Francisco Javier Pérez, resaltó la importancia dada por la Asociación a la difusión de la literatura en español a través de autores como los que forman parte de esta colección.


      En 2004, y coincidiendo con la celebración del IV Centenario de la Publicación de la Primera Parte del Quijote, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española iniciaron un proyecto de edición de grandes obras de la literatura en español. Concebido como una línea de ediciones conmemorativas ocasionales y de circulación limitada de los grandes clásicos hispánicos de todos los tiempos, dichas obras son publicadas y distribuidas en todo el mundo de habla hispana por Penguin Random House Grupo Editorial bajo su sello Alfaguara.




      Hasta la fecha, además del Quijote de 2004, han formado parte de la colección las ediciones de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez; La región más transparente, de Carlos Fuentes; Antología general, de Pablo Neruda; En verso y prosa. Antología, de Gabriela Mistral; La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa, el Don Quijote de la Mancha (edición 2015, por el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte y el cuarto centenario de la muerte de Cervantes); Rubén Darío. Del símbolo a la realidad. Obra selecta, La colmena, de Camilo José Cela, y Borges esencial. Actualmente las cuatro últimas son las únicas obras que siguen en circulación.

Fuente : Academia Argentina de Letras



¿Cómo eran las anotaciones que hacía Borges?



Se presentó la reedición de “Borges, libros y lecturas”, el catálogo crítico que elaboraron Laura Rosato y Germán Álvarez con textos que donó a la Biblioteca Nacional.

Borges escribe a partir de los libros que lee. Utiliza esas lecturas en una suerte de alquimia para transformarlas en textos únicos. Esto hace del lector el autor por excelencia, y de toda versión de un texto un borrador. Se podría decir entonces, que a partir de esta premisa -y de una tarea de rutina, paciencia, conocimiento y gran intuición- Germán Álvarez y Laura Rosato compilaron y analizaron las marcas y comentarios que Jorge Luis Borges dejó en sus libros en el catálogo ’Borges, libros y lecturas’, cuya reedición fue celebrada en la antigua sala de lectura de la Biblioteca Nacional.

Era tal la simbiosis entre escritor y biblioteca, que su universo radicó en los libros y en donde éstos descansan, en su biblioteca de galerías hexagonales e infinitas. El catálogo, además de reflejar ese espíritu, da a conocer una parte -alrededor de 400- del conjunto de libros donados por el escritor a la Biblioteca. Estos ejemplares permanecieron ocultos durante treinta años en los fondos generales de la institución. Un hallazgo casual fue el punto de partida de una investigación exhaustiva que duró casi 8 años, llevada a cabo por dos empleados de la Biblioteca y que resultó en el descubrimiento de casi 800 volúmenes intervenidos por el autor de El aleph.

Una de las curiosidades más grandes es que Jorge Luis Borges realizaba las anotaciones en los márgenes o tapas de los libros que leía, en el mismo idioma en que estaba escrito. Álvarez explica que, en esta edición, se amplían algunas de las oposiciones que hace: dentro del sistema de su escritura él confronta las mismas ideas con otros libros. “Estamos hablando de una actividad cognitiva intelectual. Entonces tenés que ponerte a leer como lo hubiese leído él. Y a partir de una nota, que capaz tiene dos palabras, ir adonde él quería ir, y llamar la atención sobre la nota. Es un mecanismo cognitivo que está en la mente de una persona y en este caso, en la mente de Borges, que es un genio”, dice el autor.

La primera edición fue hecha en 2010 bajo la dirección de Horacio González, que brindó apoyo intelectual y económico al proyecto.

Continúa con este sostén el actual director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel, quien agradeció a los autores: “Entre los muchos tesoros que alberga la Biblioteca, creo que los máximos tesoros son la gente que trabaja allí. Ni la subdirectora, Elsa Barber ni yo podríamos hacer nada sin ellos”.

“A partir de este trabajo, me gusta Borges cada vez más. En algún momento mientras hacíamos esto, me preguntaba si no lo íbamos a empezar a leer y a ver cosas que rompieran la magia pero no, es una obra muy sólida. Mi lectura de Borges se volvió más profunda”, contó la autora Laura Rosato. 

Fuente : Noticias net



sábado, 22 de julio de 2017

Borges visita a Graves



Pablo Cingolani

Borges visitó a Robert Graves en Deyá, en Mallorca, la isla del Mediterráneo que fue su morada elegida. Era 1981. Anotó, con crudeza, el poeta no estaba agonizando, sino, simplemente, muriendo. Agonizar es luchar; morir es otra cosa. Es, simplemente, eso.

Narra Borges que a Graves lo rodeaba toda su parentela –hasta un nieto posado en sus rodillas inmóviles- y algunos peregrinos, “entre ellos, creo, un persa”. Bien de Borges creer que hay persas en todos lados

Graves no hablaba, ni oía, ni veía, “el alma estaba sola”, anotó Borges, totalmente sola no –acotaré irreverente- tal vez, estaba sola pero con la Diosa Blanca cercándolo, amparándolo, más plena que nunca.

Ven a mí, susurraba la Madre a sus oídos partidos que no podían escuchar otra cosa. Ven a mí, y se mostraba feroz en sus dominios, esos que Graves recorrió con avidez mejor que ninguno, a unos ojos que sólo podían verla a Ella, y a nadie más.

La tristeza acude siempre a ciertas citas. Despedirse de la vida es uno de esos momentos. Graves se estaba muriendo.

Por lo mismo, porque no hay muerte si no hay vida, porque lo que importa es la vida, porque si Yeats hubiera estado allí, más allá del dolor (Yeats se estuvo muriendo casi siempre), hubiera vuelto a sentenciar que la belleza es verdad y la verdad belleza –una máxima que Robert Graves honró como pocos, por eso la cita era en Deyá y no en otra parte-, es que Borges cuenta que la mujer del poeta los despidió de ese encuentro –estaba con María-, desde la puerta del jardín de nogales de la casa, con estas palabras: ¡Ustedes deben volver! ¡Este es el Paraíso! (Borges escribió en su texto: You must come back! This is Heaven!)

Graves seguiría inmóvil, cautivo de la Diosa, cuatro años más. Borges, que volvió a visitarlo al año, moriría a su vez en 1986. Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo, uno de los más exquisitos escritores de todos los tiempos, acudiría a la cita en Ginebra, Suiza, a donde además reposan sus literarios huesos.

Borges no podía dejar de ser Borges, y de su encuentro con Graves moribundo, no pudo evitarse dejar su marca, su eterna marca, la que lo volvió inmortal. Escribió, para el suplemento literario del periódico de Mitre, La Nación, de Buenos Aires, el año 1983: “El lector no habrá olvidado La Diosa Blanca; recordaré el argumento de uno de sus poemas”.

Como otro alter ego del mismísimo Pierre Menard de sus ficciones, Borges escribe el mejor epitafio que jamás un hombre hubiera merecido, y yo lo transcribo aquí, en homenaje a estos dos seres irrepetibles que llenaron mi vida, como quería Yeats, de belleza y verdad. Aquí va, en testimonio de fe también para todos mis muertos:

Alejandro no muere en Babilonia a la edad de treinta y dos años. Después de una batalla se pierde y busca su camino por una selva durante muchas noches. Al fin ve las hogueras de un campamento. Hombres de ojos oblicuos y tez amarilla lo recogen, lo salvan y finalmente lo alistan en su ejército. Fiel a su suerte de soldado, sirve en largas campañas por los desiertos de una geografía que ignora. Un día pagan a la tropa. Reconoce un perfil en una moneda de plata y se dice: Esta es la medalla que hice acuñar en la victoria de Arbela cuando yo era Alejandro de Macedonia.

¡Son 108 palabras! ¡Delinean, definen, un mundo y lo celebran de la manera que sólo la poética puede hacerlo! Conservo el recorte del diario pegado en un cuaderno y ese fervor me guió, ya, toda una vida, me atrajo a estos cerros, me clamó para que los sintiese, adentro, como en un espejo, como esa moneda donde Alejandro se reflejó como un guerrero más, como un poeta más, como un amante feliz y dichoso de haber asistido, como canta Caetano, a guerras y fiestas inmensas (escuchar Peter Gast) y sobrevivir, seguir viviendo, sin ser Alejandro, sin vanidad, sin orgullo, sin otra metáfora que la vida misma, que se vive, poéticamente, y nada más.

Siempre sentí que la verdad y la belleza estaban escritas en esas 108 palabras y que no cabía otra tarea más que honrarlas. Graves nos alertó sobre la devastación y la destrucción de los ámbitos de lo sagrado, de los santuarios de la poesía, esa pura y dura que alienta e inspira y reclama la Diosa Blanca. Borges, desde el Sur, supo entender nuestras desdichas (acabar, aniquilar, arrinconar nuestra poesía originaria, ¿quién no se conmueve frente a su historia del guerrero y la cautiva, que son todas nuestras historias desde Alaska hasta la Patagonia, narrada en su clave, en su cifra, de la manera que sólo Borges pudo hacerlo?) y embellecerlas y volverlas verdaderas, como nadie.

Pienso, ahora, en los Ese Ejjas y en todas sus magníficas leyendas de la selva amazónica que los crió, tan nutrientes y vitales como las que tuvo nuestro pueblo-guía del mundo occidental, nuestros hermanos los griegos, el pueblo del mismísimo Alejandro.

Pienso también en los Yámanas, los Yaghanes, o en cómo quieran llamar al pueblo autóctono que habitó el confín de todos los confines, el sur del sur del mundo, y su idioma de más de treinta mil palabras, sólo unas 800 palabras para aludir y definir al viento, a todos los vientos.

Pienso en cómo los despreció Darwin y todo el conocimiento occidental y me dan ganas de llorar, de llorar de pie, por toda la poesía que perdimos, por toda esa poética que se perdió en ese mismo viento, si (acaso) un tipo como Graves los hubiera conocido, hubiera compartido su saber y su gloria poética y los hubiera escrito. Pienso en Kusch, nuestro Kusch, cuando habló de no perder nuestro cordón umbilical con la tierra y con él árbol. Pienso en Man Césped, en Arguedas y sus ríos profundos, pienso en Quintín Lame…

Buena leche, mi hermano: Es tiempo que nos demos cuenta que la poesía también habita en nosotros, los de este lado del mundo, los del Sur del mundo occidental, los mestizos que pretendemos anular todo un bagaje y una marca poética que no comprendemos porque nos arrasa esa TV que tanto adoramos, cuando es sólo un aparatito que podemos acabar con una buena patada.

Es momento de abrirse al misterio, de seducirse, como lo hizo Borges frente a un Graves que ya no podía decirle más nada.
The answer, my friend, is blowing in the wind: Bob Dylan, Dylan Thomas, Yeats, Holderin, Borges, Robert Graves, los Ese Ejjas, los Yámanas, Alejandro Magno, el Mío Cid, Lautaro, Calfucurá, la copla, la baguala, el huayno, la vidala, la zamba, el blues y el rock and roll: Spinetta y Led Zeppelin, Rodolfo Gunther Kusch, Quintín Lame, todos, juntos, componen y conjugan la canción que deberíamos estar escuchando a cada rato, y siempre.

Si vos querés, te lo digo al revés: la respuesta, mi amigo, está flotando en el viento: José María Arguedas, Mariátegui, Tizón, Calfucurá, los yámanas, los Ese Ejjas, los Siona y mi amigo Lobo, allá en la selva de Sucumbíos, Kusch, Quintín Lame, San Martín, Martí, Perón, Evita, Gaitán, Jaime Bateman, Bob Dylan, Led Zeppelin, The Incredible String Band, Miles Davis, Coltrane, Piazzola, Marley, Bob Marley, Hendrix, Violeta Parra, el Che Guevara, los Uturuncos, Haroldo Conti, Fernando Abal Medina, el Negro Sabino Navarro, Santucho, todos, juntos, componen y conjugan la canción que deberíamos estar escuchando a cada rato, y siempre.
Desconéctate, viví.
Luchá, sentí.

Borges honra a Graves moribundo: es uno de los mejores Borges que conozco. Honro a mis compañeros y a mis amigos muertos, a través de este texto. Que la muerte, que ahora nos convoca, que las almas que llegarán mañana, recirculen y revivan en nuestros jóvenes: que ellos sientan que no estamos muertos, que la poesía tampoco, que todavía cantamos, que la vida y la poesía son lo mismo, que si queremos cambiar al mundo, sólo hace falta eso: unir vida y poesía en un mismo lazo, y hacer de la vida, poesía, la poesía vida, como anheló Yeats, como lo queremos todos los que aún no nos rendimos y no nos rendiremos jamás.

Alejandro no muere en Babilonia a la edad de treinta y dos años…Alejandro no muere, los yámanas no mueren, Janis Joplin no muere,  no morirán jamás, si no los queremos matar en nuestro corazón, si no los queremos volver a matar en nuestro espíritu.

Fuente : Bolpress


sábado, 15 de julio de 2017

Anéctoda de Borges con un autor boliviano





 Jorge Luis Borges cuenta una anécdota muy interesante sobre un libro escrito por el boliviano Marcial Tamayo.

En una entrevista a un medio boliviano, el autor relató: "Quiero contarle que una vez en una librería encontré un libro sobre Borges -le encantaba hablar de sí mismo en tercera persona-. Lo había escrito Marcial Tamayo (boliviano), al que después conocí. Mi memoria asocia Bolivia con Ricardo Jaimes Freyre, el poeta más preciosista del modernismo; y luego tienen a Reynolds, y al mismo Tamayo”.

Fuente : You Tube

Borges y Bolivia, un libro y un poeta perdido



 Martín Zelaya Sánchez

Una noche de jueves, tras largas horas hablando de libros y música junto a una botella de Fernet que se resistía a ceder, mi buen amigo, el poeta tarijeño Marco Montellano, me sorprendió: "¿Sabías que el poeta favorito de Borges era un boliviano?”.

Y me habló entonces de Ramiro Tamayo, "que nada tiene que ver con Franz Tamayo, y que casi nadie conoce, pues ni siquiera aparece en los libros de historia de la literatura”.

Pasaron muchos meses, entre vueltas y olvidos, hasta que terminé por fin de decidirme a rastrear la ligazón -escasa, modesta, pero ligazón al fin- de Jorge Luis Borges con Bolivia.

Dijo el autor de Los conjurados, pocos meses antes de su muerte, el 14 de junio de 1986, a un entrevistador boliviano: "Quiero contarle que una vez en una librería encontré un libro sobre Borges -le encantaba hablar de sí mismo en tercera persona-. Lo había escrito Marcial Tamayo (boliviano), al que después conocí. Mi memoria asocia Bolivia con Ricardo Jaimes Freyre, el poeta más preciosista del modernismo; y luego tienen a Reynolds, y al mismo Tamayo”.

¿Cuál Tamayo?, habrá que preguntarse. ¿Tal vez, por el contexto, esta vez sí Franz? ¿O Marcial?, ¿O su hermano menor, Ramiro, un comunicador, cineasta e intelectual que creció y vivió gran parte de su vida en Buenos Aires, y que escribió el poema que tanto fascinó a Borges?

En 2007 el poeta y crítico Juan Carlos Ramiro Quiroga posteó en su blog el artículo "Borges a calzón quitado”, en el que Albino Gómez cuenta de la relación del mayor escritor argentino de la historia con los Tamayo. Nadie le dio entonces mucha bolilla a ese texto.

Cuenta Gómez: "Ramiro comenzó a destacarse por una tan excelente producción poética que motivó un breve prólogo de Borges a lo que constituyó su primer libro de poemas, donde el escritor se refería a sí mismo como un "poeta crepuscular” -a pesar de que todavía no tenía 50 años- llamando a Ramiro un "poeta del alba”.

Más adelante, Gómez cuenta que Tamayo era tan perfeccionista que retiró y devolvió el libro varias veces de la imprenta y al final nunca salió a la venta. Y comenta: "con sus 18 años, Ramiro Tamayo era para su gusto (de Borges) el mejor poeta de nuestra lengua. Y con esa memoria prodigiosa que siempre lo caracterizó, a pesar de los más de 20 años transcurridos, recordó y recitó uno de los poemas de Ramiro que decía...”. (Ver nota de apoyo).

Dudas

Pero ¿cómo es posible, entonces, que pocos hayan oído hablar de los Tamayo y, sobre todo, que nadie o casi nadie en el país se haya preocupado de un poeta que deslumbró ni más ni menos que al mismísimo Borges?
"Ten cuidado con que sea un poema apócrifo”, me advirtió Luis  Cachín  Antezana, autor del libro Álgebra y fuego: lecturas de Borges. Considerado como uno de los máximos eruditos borgeanos en el país, tras leer el texto de Gómez, Antezana se limitó a comentar:

"No hay mucho que decir al respecto: los Tamayo fueron amigos de Borges, efectivamente. Biográfica y bibliográficamente se sabe que el único libro dedicado a su obra que Borges leyó fue el primero: el que escribieron Adolfo Ruiz Díaz y Marcial Tamayo (Borges. Enigma y clave). Está inclinado a discernir las fuentes clásicas (grecolatinas) en Borges; pero, en el camino, tiene un excelente análisis del cuento La muerte y la brújula”.

Similares dudas tiene Rodolfo Ortiz, director de la revista La Mariposa Mundial: "que yo sepa Borges elogió no sin cierta dosis de ironía el poema Peregrina paloma imaginaria, de Ricardo Jaimes Freyre”.

"Del tal Ramiro Tamayo -comenta- nada encontré en mi gaveta y tengo serias dudas del texto que me mandaste no vaya a ser un apócrifo más sobre el maestro”.

Qué mejor entonces que recurrir a la fuente primaria. "Deseo que quede bien en claro que el poema recitado por Borges pertenecía a Ramiro Tamayo y estaba dedicado a una bella muchacha que cursaba la carrera de abogacía, y fue publicado en la revista de poesía Latitud 34”, sostiene Gómez, escritor y diplomático argentino, amigo de Marcial y Ramiro, y que tuvo la gentileza de contestar un cuestionario, luego de que la magia de Google permitiera ubicarlo. Hasta aquí lo de los Tamayo.

El libro de Dante

Terminé de decidirme a escribir esta nota, decía antes respecto al "caso Tamayo”, pero en realidad una idea primigenia había surgido mucho antes, a fines de los 90, cuando hallé, en un cajón de ofertas de una librería de Sopocachi, un libro en el que Dante Escóbar cuenta cómo Borges le mostró, una tarde de 1985 en su casa de la calle Maipú, un ejemplar de Índice de la poesía boliviana contemporánea, de Juan Quirós.

"Hábil, conociendo todos los obstáculos de la casa, se dirige a una sección de la biblioteca y trae consigo un volumen azul”. "Vea este libro -le dice el escritor a Escóbar, sí, al mismo Dante Escóbar que años después fue juzgado y condenado por un millonario fraude-: me llegó en los últimos meses. Me lo han recomendado y tengo deseos de conocer lo que se ha escrito en Bolivia en los últimos diez años”.

En otro momento de la extensa entrevista -publicada en un extraño libro llamado Las obsesiones de Borges (Distal, 1989)- el autor de El hacedor comenta: "Qué bueno que ustedes los bolivianos se acuerden aún de Ricardo Jaimes Freyre, sus leyes sobre la versificación son una obra maestra”.

Cuando, tras hablar de autores, libros, estilos, mitología, religión, ontología, la charla gira en torno al periodismo y las entrevistas, Borges, franco, admite que "son reprochables” porque el periodista generalmente "asume el predestinado papel de interrogador fiscal”.

No obstante lo arregla pronto y dice: "Pero si me piden un reportaje para un diario del interior o, en su caso, de Bolivia, pienso que puedo ayudarlos y lo hago contento. No sé, me llama la atención su país, donde hay gente que se interesa por lo mío”.

Lo de menos y lo demás

Menciona Ortiz a Jaimes Freyre, que, sin lugar a dudas, es la máxima referencia que Borges tenía sobre Bolivia, pues incluso lo mencionaba como ejemplo y recitaba sus versos en varias conferencias de su vejez.
Además de Jaimes Freyre (ver nota de apoyo), los Tamayo y Dante Escóbar, algunas breves "relaciones” del autor de El Aleph con nuestro país se hallan en el diario de Adolfo Bioy Casares:

Un comentario desfavorable de Borges sobre una conversación que tuvo en 1968 con la esposa del embajador boliviano en Argentina y un proyecto de luna de miel en Bolivia, cuando Borges quiso casarse con María Esther Vásquez.

Por lo demás, en el prólogo a Un bárbaro en Asia, de Henri Michaux, traducido por él mismo, Borges escribe: "Hacia 1935 conocí en Buenos Aires a Henri Michaux (…). Solía asombrarnos con noticias tristísimas de Bolivia, donde había residido un tiempo”.

La última, que solo hay que tomar como rumor, pues no hay fuentes ni rastros. En plena Guerra de las Malvinas, Borges habría declarado que "Argentina e Inglaterra parecen dos pelados peleándose por un peine” y que "las islas habría que regalárselas a Bolivia para que tenga salida al mar”. No consta a nadie, pero quién sabe.

El poema de Ramiro Tamayo

Tú que tienes los ojos como caminos de Dios.

Que los tienes como atardeceres en los ventanales
de mi casa
(ahí, frente a los árboles
que reciben el viento que llega desde el campo).

Tú que tienes los ojos como un Domingo
como uno de esos días esperados desde la infancia.

Que los tienes poblados de sueños
y de cuentos deslumbrantes.

Tú que miras con esa lejanía
con que se miran las cosas supremas.
Tú que tienes esos ojos
dime:

Qué es eso algo triste
que está andando por las calles?
Lo que nos despierta –a veces en
medio del sueño
con grandes lágrimas.
Aquella pesada hoja que cae
y se demora en la frente.

Dime despacio
el nombre del niño de los pómulos violetas
que afronta una mudez aciaga.

Tú que tienes los ojos poblados de cielos
que los tienes repletos de ansiedad.

Repite esas palabras tenaces
-y tan débiles que
llenan las horas sin horas.

Muchacha, repítelas.

Ramiro Tamayo, el "gran poeta” sin libro

Debido a que no pocas veces se atribuyeron al maestro textos y poemas apócrifos, y ante las pocas referencias de Ramiro Tamayo, en Bolivia hay quienes sospechan que quizás el referido poema sea también un apócrifo. ¿Cómo puede Gómez ayudarnos a disipar esta duda? Resumimos, a continuación, la extensa respuesta que nos envió por correo electrónico.

"Ramiro fue un gran poeta y es verdad que su perfeccionismo le impidió editar ese libro (en el que iba a estar el poema que solo la memoria de Borges mantuvo vivo). Yo lo conocí en quinto año del Colegio Nacional, cuando él llegó con su padre, don José Tamayo, su madre, su hermano Marcial, que ya tenía 28 años, y Celicetta, su hermana de 20 años”.

"Fuimos muy amigos durante años. Ingresamos juntos a la Facultad de Derecho que pronto él abandonó porque no le interesaba. Lo malo es que también dejó la poesía y eso fue una gran pérdida. Se dedicó al cine primero y con el entonces periodista e incipiente escritor Tomás Eloy Martínez, luego famoso, hicieron un filme sobre una leyenda norteña que tuvo muchos premios y creo que figura en las buenas enciclopedias del cine”. (…)

"Quien tuvo más continuada relación con Borges fue su hermano Marcial. Porque los Tamayo, a pesar de que al caer Villarroel don José dejó de ser embajador, siguieron viviendo en Buenos Aires”.

"Y don José, ya viudo, llegó o pasó los 90 años y recibió siempre la generosa ayuda de Marcial, que desarrolló una gran carrera y publicó un extraordinario libro dedicado a su padre. El título es Demasiada luz, y lo publicó la editorial Proa, con ilustraciones de la hermana de Borges, Norah”.

"Yo seguí tratando más a Marcial que a Ramiro porque coincidimos en Nueva York y en Washington, donde Marcial estuvo unos diez años como representante del Secretario General de ONU ante la Casa Blanca”.

"Así fue como en 1967 y 68 recibí a Borges en dos oportunidades. En la segunda, cuando se quedó tres días, me dijo que la única persona con la que le interesaba conversar en Washington era con Marcial. Cenaron en mi casa y charlaron hasta casi las tres de la mañana. Borges estaba acompañado por su primera y reciente mujer, de la cual se separó rápidamente”.

"En fin, no quiero tomarle más tiempo, pero puede usted afirmar con total seguridad que el poema recitado por Jorge Luis Borges pertenecía a Ramiro Tamayo. La muchacha a quien fue dedicado, lo merecía”.

Va, entonces (en cuadro adjunto), el poema que Borges le recitó a Gómez en una entrevista citada en el artículo "Borges a calzón quitado”, que se puede hallar velozmente googleando.

Ricardo Jaimes Freyre según Borges

"En el caso especial de Jaimes Freyre -pregunta Dante Escóbar ya avanzada la entrevista, en su libro Las obsesiones de Borges- ¿sentía usted alguna influencia de su poesía?”.

"Quizás -responde el maestro- muchas de mis primeras experiencias poéticas tienen influencia de Jaimes Freyre; era un preciosista. En su poesía, -y no lo digo porque usted sea boliviano-, la página es parte del lenguaje en la comunicación íntima poeta-lector. En Darío también hay una comunicación íntima, como lo hay en otro gran poeta como lo es Verlaine”.

"No me cabe duda de que en mi libro Fervor de Buenos Aires hay versos con notable influencia de Jaimes Freyre y Lugones”.

"Es realmente curioso, ¿no?, que Jaimes Freyre haya sido más honrado, homenajeado aquí, en Argentina, y no en su propio país, con lo que se confirma que el oficio de escritor es extraño: unos reciben muchos elogios y premios, y otros son desestimados o rechazados por cuestiones extraliterarias”.

"… Recuerdo sus famosos versos -dice mucho después, casi al final de la larga charla lograda en cuatro tardes consecutivas- ‘Peregrina paloma imaginaria, que enardece los últimos amores; alma de luz, de música y de flores, peregrina paloma legionaria’”.

Cómo no hallar metáfora en estos versos, y no importa el sentido intelectual de los versos; lo que importa es que nos llegan… son versos preciosos”.

Fuente : Pagina Siete  -  Bolivia

A Luis de Camõens—Jorge Luis Borges





 "El hacedor", poema de Jorge Luis Borges en su propia voz.

Fuente : You Tube

REY ARTURO, el hombre, el mito




 Leyenda artúrica: grito rebelde, poético, del pueblo celta contra el invasor anglosajón.

monje católico galés, Geoffrey de Monmouth, escribió su “Historia de los Reyes de Britania”, genealogía  que dispuso con varios propósitos, entre los cuales se contaba exaltar las hazañas y desventuras de un héroe celta, Arturo. El rey Arturo habría sido quien triunfara en el siglo V (otros dicen que en el VI)    en la guerra que enfrentó a su pueblo  contra los invasores  sajones. Así recuerda Jorge Luis Borges, en una estrofa de su obra poética, este largo enfrentamiento:

“Sus ídolos y ejército el duro
sajón sobre los huertos de Inglaterra
dilató en apretada y torpe guerra.
Y de esas cosas quedó un sueño: Arturo”*

Esta confrontación, obviamente, aconteció  en tierras britanas de las que Gales formaba parte.  La Historia de los Reyes de Britania cimentó el desarrollo de aquello  que en literatura se ha dado en llamar  la “Materia de Bretaña”, o como se conoce popularmente, la Leyenda del rey Arturo. Es a partir de dicha leyenda, formada con la contribución de diversas fuentes que a su turno consideraremos, que comienzan a escribirse, a partir del siglo XIIl, las llamadas novelas de caballería que fueron masivamente consumidas. Tal como sucede en la actualidad con algunos  personajes del cine o la televisión, la gente bautizaba a sus hijos con el nombre de los caballeros que protagonizaban sus libros favoritos, y tanto jóvenes como adultos sellaban pactos constituyendo órdenes como leían   en aquellas páginas.  La materia de Bretaña, además de imponer sus ideales a la sociedad medieval, inauguró el género literario que hoy cuenta con el más amplio mercado: la novela.

Aquellas famosas novelas de caballería hallan su cumbre  a principios del siglo XVII (1605) con la publicación de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” escrita por Don Miguel de Cervantes Saavedra, considerada la mejor novela publicada de todos los tiempos. Joya de la literatura universal que ironiza la popular producción de esas historias cuyos personajes principales eran caballeros montados, llenos a rebosar  de amor y respeto por su rey, su religión y su dama.

Cuánta será la popularidad que esta leyenda aún conserva, que  a principios del siglo XX  Gran Bretaña exhorta a su población a tomar parte en la Primera Guerra Mundial con un afiche en el que se veía a un hombre que, vestido como un guerrero medieval y montando un caballo rampante, clavaba una espada en el pecho de un dragón. Dicha ilustración se encontraba enmarcada por la siguiente frase: BRITAIN NEEDS YOU AT ONCE:  Britania te necesita de inmediato.

Oportunamente se hará un breve análisis de las más destacadas obras que  abrevaron en la “fuente Arturo”, tanto en el arte literario como cinematográfico,  ahora será suficiente con la cita que sigue:

“A los nueve años ocupé un sitial en la cofradía de los caballeros del rey Arturo, con tanto orgullo y dignidad como el que más…”
 John Steinbeck de Monterey, caballero.

Estas son las primeras palabras que encontrará quien se disponga a leer “Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros” novela publicada en 1976 y cuya autoría pertenece al  escritor estadounidense John Steinbeck, quien 14 años antes había sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura. En la introducción, refiriéndose al libro “La muerte del Rey Arturo” de Thomas Malory (siglo XV) que siendo todavía un niño cierta tía le regalara dice: “Era un ejemplar ilustrado de la Morte dArthur de Thomas Malory según la edición de Caxton. Adoré la anticuada ortografía de las palabras, y también las palabras en desuso. Es posible que haya sido este libro el que inspiró mi fervoroso amor por la lengua inglesa.” 

Intelectuales contemporáneos al auge de las novelas de caballería, como Alfonso X (1252 – 1284)  en España, denominado “El Sabio “ o Dante Alighieri (1265 – 1321) en Italia, no dudaron de la existencia del rey, sin embargo la ciencia aún no está en condiciones de aseverarlo. Historiadores y arqueólogos buscan el dato fehaciente, aquellas piedras, aquel signo, que no deje lugar a dudas. Ni unos ni otros han sido capaces de hallar, hasta ahora, la referencia incontrastable. Arturo, el hombre, si existió, se oculta tras el velo que la ficción construyó para él. Tal vez sea en la trama de ese velo donde esté escrita la respuesta, por qué Arturo fue y es, en la imaginación popular, un rey que supo reinar mejor que Carlomagno, un líder cuya capacidad de mando superó a la de Julio César.

Arturo, el héroe que a juzgar por la gran cantidad de obras artísticas que continúan recreándolo, aún necesitamos.

*Jorge Luis Borges, Ariosto y los Árabes, Antología Personal, Ed. Sol 90, 2001, pg 84

Fuente : Arturo el hombre el mito el rey